Whisky con refresco. ¿Se vale?

No existen formas correctas o incorrectas de tomar whisky. Todo depende de nuestra elección, del clima o incluso de nuestro estado de ánimo, lo que nos indicará en ese momento qué necesitamos para disfrutar de nuestro destilado favorito, sin importar si se trata de blended, single, bourbon, rye o cualquier otro tipo de whisky.

Si tenemos una gran botella en las manos —de esas que se abren en bautizos y bodas— bien vale la pena tomarlo straight –derecho– o agregando apenas unas gotas de agua para explotar todas sus características, haciéndolo aún más placentero. Si nos enfrentamos a la situación de estar en un clima cálido bien valdrá la pena colocar una roca de hielo para refrescar y balancear la volatilidad del alcohol. Hay que asegurarnos de utilizar un solo hielo de gran tamaño y sumamente frío para evitar que se derrita demasiado rápido y diluya nuestro whisky en exceso.

La coctelería clásica es una gran manera de mezclar el whisky. Así pues, si estamos en un coctel bar, un clásico para los amantes del bourbon siempre será un buen Old Fashioned o un Manhattanmientras que tragos como el Sazerac en su variante de rye será extraordinarios, para quienes prefieren un trago corto, potente y complejo lleno de especias y matices dulces; y para aquellos que disfrutan del humo de turba y sus complejos aromas, nunca estará de más un top de single malt de Islay coronando los aromas de jengibre, miel y limón de un Penicillin.

Sin embargo, es muy probable que en casa los tragos largos sean la opción más fácil, simple y refrescante. Lo más recomendable es utilizar whiskies sin edad (NAS) que tienen características adecuadas para las mezclas, o whiskies single o blended que no superen los 12 años en su declaratoria de edad. Vasos altos si lo queremos con más líquido y refrescante, o vasos cortos sí lo queremos igual de refrescante, pero con más sabor a whisky. Hielos firmes y mezcladores de buena calidad.

El más consumido de estos tragos es sin lugar a dudas el whisky con soda. En nuestro país la práctica suele ser utilizar 50 ml de scotch en un vaso alto con hielos a tope y agua gasificada a llenar. Una variante muy interesante resulta de utilizar un single malt como The Glenffiddich 12 o Macallan 12 con agua gasificada premium —como Vichy catalán— que tiene una gran cantidad de minerales y es ligeramente salina, y utilizar una rodaja de limón Eureka –limón amarillo– como garnish. El dulzor de las notas de una malta de Speyside se potencia con la salinidad del agua y se equilibra con las notas cítricas que aporta el limón haciendo una nueva experiencia de un clásico.

Otra variante de trago largo suele ser whisky con refresco de jengibre, Ginger ale. La mezcla funciona bien para destilados con mineralidad y para todos ahumados. El dulzor del refresco, el sabor del jengibre y el limón verde, suelen aportar matices muy interesantes y refrescantes. Utiliza 50 ml de Talisker Storm o la misma cantidad de Johnnie Walker Double. Black en un vaso alto, 30 ml de concentrado de jengibre Velvet Soda, hielo y top de agua mineral, mezcla con una cuchara para que se disuelva el concentrado y se forme el refresco de jengibre (puedes sustituirlo por cualquier ginger ale comercial), y termina con una rodaja de limón verde: dulce, especiado, ahumado y muy refrescante.

Si buscas algo más dulce, la opción para blended scotch o single malts frutales siempre serán las especias dulces y sabores contenidos dentro de estos como el de la manzana. Puedes utilizar sodas de manzana o sidra de buena calidad para obtener un rico trago. Utiliza 50 ml de Buchanan’s Master o misma cantidad de Tomatin Legacy en un vaso corto, agrega hielo, top de sidra Strogbow Gold (o refresco de manzana comercial), una rodaja de manzana roja y una raja de canela, o una rama de romero. Tendrás un coctel con buena acidez, refrescante y lleno de aromas agradables… sobre todo muy navideño (aprovechando que estamos de temporada).

Si no ponemos creativos y elegimos un whisky japonés su compañero natural es el té, preferentemente verde o Oolong (puedes usar té embotellado si lo prefieres). Irán muy de la mano los sabores de ambos: herbales, cítricos y florales. Aunque el té no sólo le va bien a los destilados nipones, también puedes mezclarlo con blended escoceses como Old Parr 12 o single malts como Ardbeg 10. Yo prefiero 50 ml de Ardbeg, té rojo frío, hielo y twist de limón Eureka para perfumar.

Foto de Nathan Dumlao en Unsplash.

Una moda a la que ni el whisky escapa es la del “tonic”. El agua tónica es una constante en la coctelería de barras o casera y es fácil de conseguir. Las notas dulces y amargas del agua tónica, más sus burbujas, hacen de casi cualquier trago una experiencia muy agradable. Puedes utilizar lo que más te guste. Yo lo haría con 50ml de Laphroaig 10 en un vaso corto, hielo y un agua tónica premium, que no tenga azúcar o baja en azúcar, con una rodaja de limón Eureka.

Finalmente, yo prefiero los refrescos claros, pero siempre es posible variar las recetas con base en nuestros gustos. No te limites, en la actualidad es muy sencillo conseguir ingredientes en cualquier supermercado o licoreria (¡hasta Rappi puede llevarlo a tu casa!). Experimenta con distintos refrescos, sodas de sabores o jugos; incluye diferentes frutas, ya sean cítricos, frutos rojos o manzanas; igual con las especias, un poco te tomillo, pimienta rosa o menta, puede hacer la diferencia en un trago. Las barras y las cocinas son grandes laboratorios.

¡Slàinte mhath (salud en gaélico) y felices fiestas!