Whisky al chile

Por Bruno Mendizábal

En el mundo de los manteles largos, existe una equívoca noción que asevera que el whisky y el chile no se llevan. En esta ocasión, nos esforzamos en demostrar que querer es poder y que hay maneras de hacer las cosas cuando se tiene un poco de conocimiento y algo de ingenio.

Nosotros le sabemos a los destilados, pero no tanto a la capsaicina, por eso nos pusimos en contacto con Fer Dávila, la mente detrás de las experiencias de La Flor de Jamaica, para coordinar este esfuerzo y hacerlo con todas las de la ley. Fernando pertenece a una familia de comerciantes que han provisto de toda clase de chiles a los restaurantes más picudos de la ciudad desde hace 60 años. Él, mejor que nadie, entiende la importancia del chile en la cultura mexicana. Como lo dijo el miércoles, México es una cultura chilecéntrica. No hay nada más mexicano que el chile.

En cada tiendita, casa, changarro o escuela, de los albures de taller mecánico hasta la ensayística de Octavio Paz que leemos en la secundaria, el chile es el centro del universo cultural mexicano, y sin embargo, sabemos muy poco sobre esta verdura. Junto con Fer, usamos algunos de los chiles menos comunes para que más personas conozcan los nombres, sabores, formas y extraordinarios aromas de estas variedades.

En este evento, “Whisky al chile”, aprendimos de la mano de Fer y gracias al apoyo de Johnnie Walker, algunos datos que seguro usarás algún día:

  • En México se producen 65 tipos de chiles frescos que al sumarse con sus variedades secas y ahumadas, suman 145. Pero pocas personas pueden nombrar más de 5 variedades.
  • Los más comerciales han sido exportados a China, quienes producen una cantidad importante de los chiles que se consumen en el mercado norteamericano.
  • Hay chiles básicos para hacer algunas de las recetas más icónicas de la gastronomía mexicana como el chilhuacle, el alma del mole negro oaxaqueño, que están en peligro de extinción porque la gente no lo consume.
  • Para hacer una buena salsa molcajeteada, la mejor práctica es combinar chiles frescos con chiles secos (combinar tres variedades resultó ser un éxito), tomates verdes con jitomates, ajos y cebolla, frutas ácidas como el xoconostle y unas hojitas de cilantro.
  • Combinar las salsas asadas con los cócteles que mezclan cítricos, whisky y jengibre, es una deliciosidad brutal.
  • Combinar mole negro con molotes de plátano macho y tu single malt favorito, es un maridaje nivel dios.

 

Obviamente, no puedo terminar este artículo sin agradecer a todos los que nos acompañaron en nuestra segunda experiencia. Una vez más pasamos una noche compartiendo tragos y comiendo cosas deliciosas. Gracias a ustedes, “Whisky al Chile” fue un éxito.

A los que aún no nos acompañan, queden pendientes de las cosas que vienen. Tenemos planes interesantes para el 2019.

¡Gracias y hasta la próxima!