¡Nunca le digas scotch a un escocés! Se puede llegar a considerar un tanto despectivo —de hecho las generaciones viejas de ingleses e irlandeses así lo usan—, así que más vale estar seguros. El uso moderno como gentilicio es Scottish o Scots. Para los efectos de esta publicación, el scotch, básicamente, es un whisky hecho en Escocia. Se trata de una bebida alcohólica destilada a partir de malta y/o granos de cebada y otros cereales. Pero el scotch, además, tiene una indicación geográfica protegida por la ley europea.

Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO, por sus siglas en inglés), una indicación geográfica (IG) es un signo para distinguir productos que, por su origen, tienen cualidades, reputación y características especiales, las cuales obedecen a los factores geográficos de esa región, como el clima y el terreno. Ejemplos de indicaciones geográficas en México son la vainilla de Papantla, la charanda, la talavera, el chile habanero de la Península de Yucatán, y el mango Ataulfo del Soconusco de Chiapas, entre otros. Además de tener indicación geográfica, todos los anteriores cuentan con Denominación de Origen (D.O.) y están protegidos por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).

Es decir, existen leyes que regulan la producción del scotch y hay que seguir una serie de lineamientos muy específicos para poder llevar el nombre en la etiqueta. El organismo encargado de vigilar que estas normas se cumplan fue fundado en octubre de 1912 como Wine & Spirit Brand Association; cambió su nombre cinco años después a Whisky Association y en 1940 se convirtió en la actual Scotch Whisky Association (SWA). Al ser una voz confiable en la sociedad, la organización se encarga de ver por el perfil y los intereses globales del Scotch Whisky, así como de salvaguardar la categoría y asegurar el acceso a los mercados de todo el mundo.

De las múltiples actividades de la SWA, quizá una de las más relevantes sea la de publicar las regulaciones que protegen al scotch. El reglamento vigente es el Scotch Whisky Regulations 2009, promulgado por la Secretaría de Estado del Reino Unido. Dentro de estas reglas existe espacio suficiente para la libertad y la creatividad, claro, pero todo dentro de un marco perfectamente regulado.

Entre las especificaciones incluidas, destacan: que todo el proceso de fabricación debe suceder en una destilería registrada en Escocia; que el producto final no puede ser endulzado o saborizado, excepto por la adición de caramelo natural como colorante; que el destilado debe contener entre 40 y 94.8% de alcohol por volumen, y que debe ser madurado exclusivamente en Escocia por un periodo mínimo de tres años en barricas de capacidad no mayor a los 700 litros, entre otras.

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