Historias de whisky en el Tenampa

Un hombre robusto con un gesto serio y la mirada clavada en un punto se para firme y coloca una boquilla de metal en sus labios, respira y comienza a soplar. Su dedos oprimen y aflojan los tres pistones de su trompeta. Son las primeras notas de Caminos de Michoacán, así inicia una noche de música ranchera. La gente se emociona, aplaude, grita, canta. Los vasos chocan unos con otros. Sobre las mesas cae el tequila, la cerveza y el whisky. Es una fiesta. Una fiesta mexicana que se realiza todos los días en este lugar que parece ajeno al paso del tiempo: Tenampa, una de las cantinas más emblemáticas de la Ciudad de México, y del país.

Este sitio fue fundado en 1925 por Juan I. Hernández, un jalisciense que probó suerte en tierras chilangas y lo logró. Trajo al primer mariachi a la capital y convirtió la cantina en una pequeña embajada de Jalisco enclavada en el Centro Histórico. Fue la primera piedra sobre la que se asentó la famosa Plaza Garibaldi que tanto atrae a los extranjeros. Por esos años, para remarcar su éxito, afuera del lugar se podía leer: “Aquí es Jalisco”. Hoy está cantina representa no sólo a la cultura de ese estado, si no gran parte de la identidad nacional.

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De su techo cuelga papel picado con los colores de la bandera mexicana. Las lámparas del recinto están cubiertas por plástico multicolor que le dan más vida a esta cantina. Sus columnas son una imitación de las construcciones coloniales. Todas las sillas están rotuladas con el nombre del lugar. Y hay dos largas barras con cientos de botellas de todo tipo de licores.

El más pedido, sin duda, es el tequila. Es comprensible, durante años ha sido la bebida tradicional de México, la más conocida en el extranjero. Otro es el ponche de granada, una bebida exclusiva del Tenampa muy reconocida en una región de Jalisco. Pero en últimas fechas ha cobrado bastante relevancia el whisky, gracias al Buchanan’s.

Ramsés Cuevas, jefe de piso del lugar, explica que desde hace siete años esta bebida se popularizó entre sus clientes.

“Incluso nuestro target cambió: antes nuestros visitantes eran personas mayores, conocedores del mundo del mariachi y de las cantinas, ahora son jóvenes de entre 25 y 35 años, en su mayoría los que nos visitan”. Dice que es común que ordenen Buchanan’s mientras piden a los mariachis música norteña.

“Ni siquiera piden whisky, directo piden ‘Bucanas’ —como ellos lo pronuncian—, por eso los músicos deben de tener un repertorio amplio de canciones para satisfacer a la clientela”.

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Mientras los comensales sacian su apetito con enchiladas de mole, panuchos de cochinita pibil, tacos de birria y tortas ahogadas, a su lado tocan distintos mariachis, unos vestidos de negro con su enorme sombrero de charro, otros completamente de blanco y algunos le dan vida a sus instrumentos cubiertos con un traje anaranjado. Tocan canciones de Vicente Fernández, de Jorge Negrete y, por supuesto, de José Alfredo Jiménez.

En Tenampa revive la época de oro del folclor ranchero mexicano. Aquí se le canta al dolor. Es una catarsis permanente para aquellos que le rinden tributo al desamor. Es un espacio donde las paredes exhiben retratos pintados de grandes íconos de la cultura popular: Pedro Infante y María Félix, Frida Kahlo, Chavela Vargas y el rey del lugar: Juan Gabriel. Los azulejos de las muros muestran imágenes de jaripeos, peleas de gallos, pencas de maguey, caballos, tequila y hombres con sombrero de charro.

Los que beben whisky también piden canciones de Juan Gabriel, de Los Ángeles Azules y sobre todo la de ‘Me sacaron del Tenampa’, compuesta por Cornelio Reyna después de haber sido desalojado del lugar por su estado de ebriedad.

“En el Tenampa se recuerdan muchas cosas. Y los mariachis son los amos y señores. Te tomas 4, 5, 20 o 30 copas. Y las canciones te recuerdan tus amores”, dice la letra.

En más de una ocasión los clientes, sobre todo centro y sudamericanos, le han pedido de favor a Ramsés que los saqué del lugar para emular la lírica de Cornelio Reyna.

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Junto con los grandes ídolos mexicanos, también han compartido tragos y risas en esta cantina algunos extranjeros famosos amantes del mundo ranchero como Joaquín Sabina. Ramsés no olvida cuando vio por primera vez al cantautor español en la puerta y no lo reconoció.

— ¿Mesa para cuántos? —preguntó.
— ¿No sabes quién soy yo? —respondió el intérprete de 19 días y 500 noches.
— No. ¿Mesa para cuántos? —preguntó nuevamente, antes de que Ramsés fuera regañado por sus compañeros.

Después del incidente, Sabina se relajó con tequila, brindó con los comensales y cantó algunos versos de sus obras cumbres. Ramsés se excusa: “Es que yo no lo conozco bien. Yo soy más rockero. Cuando vino Enrique Bunbury fue diferente. Es la persona que más admiro y que me ha tocado atender. También pidió tequila aunque otros lo acompañaron con whisky”.

Ramsés afirma que este sitio ya forma parte de la historia de la Ciudad de México y en su interior la bebida escocesa se abre camino entre los destilados mexicanos. El whisky empieza a ocupar un lugar importante en la barra de la cantina y en la cultura mexicana (hasta en nuestras canciones).

“Comienza a ser parte de nuestra historia y cada vez se hace más popular. De la misma forma que lo hizo el Tenampa hace casi 100 años”, concluye Ramsés.

¡Viva México y viva el Tenampa!

Gracias al Ramsés Cuevas y al equipo del Tenampa por hablar con nosotros.

Dónde: Plaza Garibaldi, Centro, Ciudad de México.

Fotos de Roger Vela.