La Ciudad Juárez de Al Capone

Durante las década de los 20 y 30 Ciudad Juárez se convirtió en un centro nocturno que bullía con el movimiento de turistas. Tan solo en 1920, se registró la entrada de 400 mil norteamericanos, que venían a México en busca de diversión. Su más notable visitante fue Alphonse Gabriel Capone, comúnmente conocido como Al Capone, que en 1929 acudió al salón Nuevo Tívoli causando revuelo.

El viaje de Al Capone a México es calificado por algunos como un mito. Según un artículo publicado por la Universidad del Estado de Nuevo México, es imposible que el mafioso más famoso de principios del siglo XX haya visitado la frontera sur sin atraer a la prensa de El Paso. Y dice que si fuera real su aparición debió ser antes de mayo, cuando fue detenido en Filadelfia por portación de armas, no a finales de 1929, como mencionan medios locales. De hecho el autor menciona a Laurence Bergreen, uno de los biógrafos del capo, escritor de Capone: The Man and the Era, quien no tiene registrada aquella supuesta visita a nuestro país.

Si es leyenda o no el viaje de Al Capone a Juárez, la realidad es que en aquella época esa ciudad si funcionaba —y sigue funcionando— como un paso de mercancía a Estados Unidos. Del centro del país se movía scotch, que luego se traficaba al vecino del norte y en el mismo Juárez se instaló una pequeña industria de bourbon.

La Ley Volstead, conocida comúnmente como Ley Seca, entró en vigor el 16 de enero de 1920. Esta enmienda a la Constitución de Estados Unidos no prohibía el consumo de alcohol, sino la venta, importación, exportación, fabricación y el transporte de bebidas alcohólicas a lo largo de todo su territorio. Para el senador Andrew Volstead, promotor de la norma, ese cambió traería muchos beneficios a los estadounidenses: menos alcoholismo, al que se culpaba de la delincuencia, por consecuencia menos presos, una sociedad con mejores modales, una oportunidad para transformar la industria de los destilados y mejorar la economía, entre otras.

El año nuevo de 1920 se celebró con litros de bebidas, y hubo quienes se abastecieron de sus tragos favoritos antes de que entrará la prohibición. Entonces, los productores de destilados comenzaron a buscar cómo y dónde producir y hacerse de un mercado. Ciudad Juárez fue una de las elegidas.

John Don Levy y FC Mckey comenzaron a fabricar whiskey mexicano antes incluso de que se hablara de una posible legislación prohibitiva. En 1909, fundaron una franquicia de la Kentucky Destillery en Juárez con el nombre D.M. Distillery Co. S.A. Para el año de 1922, su marca “Juarez Whiskey Straight American” ya era popular, uno de sus principales compradores era un inmigrante español radicado en México, Julián Gómez, que también era propietario de varios negocios, como el Café Lobby, y comerciaba productos traídos de Europa.

Don Levy y Mckey decidieron hacer socio a Gómez y el negocio floreció gracias a la Ley Seca y al turismo. Sin embargo, a partir de 1929 la destilería quedaría en manos de Gómez y aún continúa a cargo de su nieta Gabriela Quirarte Gómez.

También en 1922, Abraham Binard decidió mudar The Western Distillery a la frontera chihuahuense. Su franquicia operó hasta 1926, cuándo fue adquirida por el mexicano Fernando Lizárraga.

Otra historia es la de Mary Dowling, que se quedó viuda a cargo de la Waterfill & Frazier Distillery. Contrató a Joseph L. Beam y le encomendó mover su empresa a México. En 1927, la familia Beam movió en tren aquella destilería y la refundó bajo el nombre de D&W. (Este video, fechado en 1931, es propiedad del Archivo de Texas y es un documento del bisnieto de Joseph L. Beam, sobre las operaciones en la fábrica D&W en Juárez).

No todo fue bonanza, la naturaleza de la prohibición hizo que creciera la delincuencia en Estados Unidos y como consecuencia se recrudeciera la violencia en la frontera con México, por donde se pasaban las mercancías.

Ante el “fracaso” de la ley seca, tanto líderes de opinión, políticos y población apoyó que se terminara. La crisis económica del 29 fue la gota que derramó el vaso, muchos vieron en la industria de los destilados una oportunidad de reactivar la economía norteamericana.

En sus promesas de campaña para la presidencia, durante 1932, Franklin Roosevelt prometío acabar con la prohibición si ganaba. Con la llegada de la primavera, el 21 de marzo de 1933, se derogó la Ley Volstead. Demasiado tarde para Al Capone, que fue declarado culpable de 23 cargos el 17 de octubre de 1931, y estuvo preso hasta 1939. Murió en la tina de su casa de Palm Beach a causa de un derrame cerebral en 1947.