La afición rusa al whisky

Rusia es el país más grande del mundo, su territorio toca dos continentes. Es un gigante semidesconocido para el occidente del mundo. Nuestra referencias sobre los rusos están basadas en el “malo” de las películas de James Bond. El enemigo eterno de nuestro vecino del norte es hoy el lugar de moda. El mundial nos abrió la puerta a una Rusia desconocida, con gente amable, ciudades efervescentes, cálidos centros turísticos y con mucho más que ofrecer que solo vodka.

La apertura de URSS —en ese momento, todavía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas— comenzó con la Perestroika, en los 80. Una reforma económica impulsada por su entonces Primer Ministro, Mijaíl Gorbachov, para abrirse al mercado internacional, algo que permitió a sus ciudadanos conocer y probar miles de productos occidentales, desde McDonalds, hasta Nike o una Coca Cola.

Tras casi tres décadas de libre mercado y con una cultura, que siempre ha defendido el placer de tomarse unos tragos, destilados como el tequila o el whisky han ido conquistando el paladar ruso.

El predilecto hasta el periodo soviético fue sin duda el vodka, un destilado típico de la región, hecho cereales o plantas con mucho almidón, como el centeno, el trigo o las papas. Éste incluso se coronaban como bebida patriótica, y permeó hasta influir en algunas de las tradiciones rusas relacionadas con el alcohol.

Por ejemplo, la costumbre dicta que antes de salir a un viaje largo, debes beber un shot para que todo salga bien. O hay quien dice que es de buena suerte tomar dos shots de un jalón.

La fortuna de las bebidas importadas fue distinta; se dio gracias a un arduo trabajo para abrirse espacio en el mercado soviético.

La primera vez que el whisky llegó a Rusia fue en 1820, pero la falta de industria y la cultura nacionalista mantuvo muy bajos sus índices de consumo. Sin embargo, eso no impidió que algunos rusos continuaran consumiendo scotch con regularidad.

La relación entre el whisky y la sociedad rusa se iba fortaleciendo, mientras los líderes políticos seguían defendiendo las fronteras mercantiles.

Boris Nikolayevich Yeltsin, quien fuera presidente ruso a principios de los 90, nunca estuvo de acuerdo en que un alcohol extranjero llegara a reemplazar al vodka.

En una de sus visitas a Irlanda, en 2006, no resistió la tentación. La prensa se volvió loca, pues Yeltsin no solo probó el whisky, si no que se terminó una botella, lo que para la comunidad irlandesa representó una aprobación indirecta a su destilado.

Muchos años más tarde, resurgiría el tema del bloqueo. En agosto del 2017, hubo una disputa entre Putin con Donald Trump y Theresa May, Primera Ministra del Reino Unido, porque ambos líderes condenaron como ilegal la anexión de Crimea a Rusia. Entonces, se pensó que habría impacto en el comercio de algunos productos. El gobierno de Putin declaró que cerraría las fronteras a la importación de whiskey estadounidense y al whisky y gin británicos.

Varias voces rusas se alzaron en contra de la medida. Vadim Drobiz, Director general del Centro de Investigación de Mercados Federales y Regionales de Alcohol, dijo en una entrevista que, “la clase media y la elite consumen alcohol premium extranjero. Es una idea patriótica, pero no es aceptable debido al nivel de mercado”.

Aquella disputa terminó, y ni el mercado —ni los rusos whiskeros— lo sufrieron.

Por otra parte, está Erkin Tuz Mukhamedov, un sommelier ruso, reconocido por sus libros sobre los beneficios, diferencias y propiedades del whisky. En uno de sus relatos describe su primer aproximación a la bebida, que fue gracias a los sorbos que daba a los restos de las botellas de su padre, mismas que conseguía y prácticamente contrabandeaba del extranjero, durante el bloqueo en la URSS. De ahí desarrolló un gusto que, como pasó con muchos otros rusos, pudo más que la tradición.

Así llegamos al día de hoy, en donde el whisky se ha convertido en el destilado más popular del país. Rusia es el tercer mercado más grande para el whiskey irlandés. Tan solo en el 2015, importó 15 millones de litros de whisky valuados en 274 millones de dólares.

En ese mismo año, se aprobó una nueva ley que legalizó el uso de granos de malta para la producción de whisky en Rusia. Situación que está provocando el nacimiento de las primeras destilerías nacionales.

Ahora en Rusia no hay una buena fiesta, si no hay whisky de por medio. Dos shots para brindar por eso.