Itzel, la jefa en la barra del Can Can

Itzel Álvarez arquea las cejas con indignación cuando le sugieren que su género es ‘débil’. Tiene 29 años, un título universitario de Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), varios diplomados en Historia, Arte y Museología, y es una de las pocas mujeres bartender en la Ciudad de México.

Actualmente, Itzel es la jefa de barra del restaurante Can Can, en la colonia Roma de la capital del país. A pocos meses de la apertura del sitio, ella se puso al mando de cuatro barmans, y dice estar orgullosa de eso.

“Este mundo está dominado por hombres. De eso no hay duda. Y aunque cada vez es más frecuente ver a mujeres haciendo drinks detrás de una barra, aún somos muy pocas las que lo logramos”, dice.

Según Itzel, el problema radica en gran medida en que muchos jefes no ponen a prueba el desempeño de las chicas que quieren dedicarse a esto, y de entrada asumen que para ese trabajo se necesita fuerza física. Alegan que las mujeres no son capaces de hacerlo.

Y claro, para cargar una bolsa con kilos y kilos de hielos se necesita fuerza. Para atravesar el bar de extremo a extremo con varias botellas se necesita fuerza. Para aguantar de pie 13 horas de jornada continua se necesita fuerza. Pero también se requiere estrategia. Y eso Itzel lo sabe de sobra, tras tres años laborando en el bar Limantour.

“Si me piden cargar la bolsa de hielo, buscaré la forma de hacer de ella dos chiquitas para poder transportarlas fácilmente al mismo tiempo. La fuerza física, a final de cuentas, sale sobrando. Podemos hacerlo igual o hasta mejor que los hombres”, insiste. Por eso, a Itzal apenas se le ve la sombra. En un momento está shakeando, luego explicándole las bebidas a algún cliente, más tarde con la cabeza metida en un refrigerador, o por momentos, llamándole la atención a alguien que está tardando demasiado en servir un Old Fashioned. Observarla trabajar obliga a concentrarse para poder seguirle la pista.

“Sí me ha tocado trabajar con chicos a los que no les agrada la idea de que su jefa sea una mujer. Ni modo, así toca. Ni siquiera es una cuestión de demostrar cuánto poder se puede ejercer con un puesto así; simplemente es trabajo, y hay que cumplir con él, sea quien sea quien esté arriba de uno”.

A pesar de que la irrupción de mujeres bartender en la escena nacional ya es un hecho que le da gusto y orgullo, Itzel tiene sentimientos encontrados respecto a una arista de dicha tendencia.

Le molesta de sobremanera que ‘la mujer bartender’ sea vista como un producto, como la imagen que enarbola un bar o restaurante para lanzar el mensaje de: ‘Somos muy pro, vanguardistas e inclusivos’.

“No nos están haciendo un favor con dejarnos trabajar detrás de una barra. Están cumpliendo con una noción que todos debimos comprender hace tiempo. Y se llama igualdad”, agrega.

Según dice, la clave del éxito de cualquier mujer que deseé dedicarse a esto y además sobresalir, radica en creerse el papel que juega. En confiar en la madera que tiene y en su capacidad para sacar adelante un trabajo que la mayoría pensaría, es exclusivo de un hombre.

Si Itzel dejó de lado la carrera que estudió para estar de tiempo completo en el mundo del bartending fue por una buena razón: un día simplemente se dio cuenta que eso sí la apasionaba.

“Cuando me preguntan si se siente distinto el reconocimiento de triunfar en este ramo siendo minoría, siempre respondo que no. Lo único que uno hace es demostrar lo que sabe hacer y de lo que está hecho. Lo demás siempre llega. A veces tarda, pero llega”, asegura.

Muchas gracias a Iztel por hablar con nosotros.

Agradecemos también al restaurante-bar Can Can por facilitar esta entrevista.