Por un 2018 a la escocesa

Una de las mejores épocas del año tiene lugar en diciembre durante la Navidad y Año Nuevo. En México, arrancamos las fiestas el 12 de diciembre y terminamos el 6 de enero: el famoso “Guadalupe-Reyes” (o en mi caso Guadalupe-Candelaria, hasta el 2 de febrero). Sin embargo, para terminar el 2017 decidí seguir las tradiciones escocesas, de cualquier forma soy whiskera, solo faltaba que incluyera esa bebida formalmente a mis celebraciones.

Las festividades escocesas comienzan después del Samhuin, o como nosotros lo conocemos, Halloween, éste es la puerta que cierra el otoño y abre al frío invernal.

También, arrancan las vacaciones de Yule, o fin de año, las cuales por un tiempo fueron ilegales, así como el salir de la oficina temprano, como lo he hecho desde el 12 de diciembre. Las calles se llenan de colores con los mercados locales, donde pueden tomar vino caliente, que recuerda un poco al ponche que bebemos en México al visitar nuestros mercados.

En Escocia siempre hay una pista de hielo gratuita, y nuestro Zócalo ya contamos con una, aunque los costos para mantenerla, supongo, deben ser menores en el norte de Europa que aquí, un país ubicado entre trópicos.

La Nollaig Beag (Noche Buena) es un festejo con la familia para comenzar con rituales de limpieza espiritual. Desde la época de los celtas, los escoceses quemaban un madero con la cara de una viejita tallada, esto sirve para ahuyentar la mala suerte.

Las tradiciones mexicanas o escocesas se acercan debido a que están fincadas en la religión, en nuestro caso en el catolicismo, en el suyo, en el anglicanismo. Así, ellos también festejan en una casa llena de comida, dulces, bebida, música, y fuegos artificiales representan la luz que aleja a la tan temida oscuridad.

Al día siguiente, la comida sobra igual de ambos lados del Atlántico, pero en Escocia hacen un pay con carne y frutos secos, excelente para los valientes que no han dormido en un par de días por estar de fiesta.

El último día del año festejan el Hogmanay, o Año Nuevo. Para los escoceses, la familia es toda aquella persona que forma parte de su comunidad cercana, y con ellos se comparten lo más sagrado: alimentos y bebidas. Originalmente se compartía la cacería, escasa en invierno, pero sobre todo consistía en compartir algo para aliviar el alma: el delicado y maravilloso whisky.

Por eso decidí seguir las tradiciones escocesas al pie de la letra. Comencé por limpiar mi casa, sacar todo el polvo y lo que ya no utilizo, donando un par de cosas a aquellos que más lo necesita. Y durante la celebración no olvidé la parte más divertida, es decir la primera entrada: después de las doce campanadas, el primero en entra por la puerta recibe de regalo un trago de whisky y, se supone, será la persona más afortunada del año. Los siguientes también reciben un trago de whisky y se les regalan cosas distintas, como pastel de frutas, polvorones, un pedazo de carbón y más whisky. Yo elegí tres botellas Singleton Whisky, pues mis amigos son de paladar exigente.

Fue una gran celebración.

¡Feliz 2018!