David Byrne, un escocés muy especial

Si estuviéramos sentados a la mesa con David Byrne probablemente habríamos llegado en bicicleta a un bar llamado Heaven —poco señalizado y en algún lugar remoto—, estaríamos bebiendo “whisky” hindú de melaza, escuchando “4:33” de John Cage y nos miraríamos fijamente a los ojos para conversar, aunque terminaríamos de pie bailando mambo torpemente.

Este encuentro imaginario sería así, porque así de ecléctica y esquizofrénica es la carrera de David Byrne, que se presenta hoy en el Teatro Metropolitan (después estará en Monterrey y en Guadalajara). Byrne es cantante, músico, compositor, productor, fundador de la mítica banda de new wave Talking Heads y ha hecho una brillante carrera como solista. Ganó un Oscar –junto a Ryuichi Sakamoto–, un Globo de Oro y un Grammy. También es escritor, irónico, actor, director, fotógrafo, y un poco autista.

David Byrne viene a presentar su nuevo disco America Utopia: una decena de canciones con texturas electro-pop, rodeadas de reminiscencias sonoras de África y Latinoamérica; tan brillante como inclasificable fuera de la estética que encierra a un David Byrne en plena madurez.

El legendario músico de 65 años nació en Escocia, en una pequeña ciudad llamada Dumbarton –aunque probablemente descendió del mismo planeta que David Bowie–, pero su música no tiene nacionalidad, lo mismo ha colaborado con Brian Eno, St. Vincent —que estará este fin de semana en el Festival Ceremonia—, Arcade Fire o con Fatboy Slim, como con la mítica Celia Cruz o Café Tacuba.

Dumbarton, además de ver nacer a Byrne, albergó una famosa destilería que durante muchos años fue la casa de Ballantine’s. El lugar cerró y fue demolido debido a una plaga de polillas, pero gracias a su producción rescatada se hizo el Ballantine’s 17, que fuera mencionado por Jim Murray dentro de la Whisky Bible del 2011.

Hoy es posible encontrar en el mercado, de la mano de embotelladores independientes y a precios exhorbitantes, ediciones de botellas de la desaparecida Dumbarton en forma de Lowland Single Grains, Single Cask o Cask Strength, que oscilan entre los 30 y 50 años de envejecimiento, momento en que alcanzan su estado óptimo de maduración. Los whiskies de Lowlands son complejos y profundos, cargados de notas de especias dulces, galletas, frutas maduras cocidas, mieles oscuras, chocolate negro, madera tostada, densos y cremosos, con finales casi inagotables.

He conocido expertos que después de probar un single grain de 50 años o de acudir a una presentación de Byrne no han podido evitar las lágrimas de felicidad.

Quizás es posible localizar un single grain de Dumbarton destilado en 1952 (cuando Byrne aterrizó en este mundo), y lograr un maridaje muy especial. Aunque es poco probable que los afortunados asistentes al concierto de hoy puedan completar este ritual, pero pueden sacarse la espina con algún otro Lowland como el Glenkinchie. Y quienes no puedan asistir siempre tendrán a la mano Spotify y su scotch favorito para cantar y bailar descoordinados mientras nadie los ve.

Las fotos utilizadas para este artículo fueron hechas por Carlos Molina y son cortesía de Noisey.