Por qué es importante que un buen whisky esté acompañado por el mejor hielo posible.

Ya hemos hablado de cómo, para tomar whisky, no hay absolutamente [ninguna regla escrita en piedra](http://www.whiskymakers.mx/no-hay-reglas/). Se puede tomar con o sin agua, solo, en las rocas, con mixers, etc. Pero también dentro del mundo de los que lo prefieren con hielo hay situaciones especiales que vale la pena tomar en cuenta.

Una de ellas, por ejemplo, es qué tantos cubos de hielo debe tener un vaso. Algunos puristas dicen que solo uno, porque si no la dilución sería muy grande y el trago sabría aguado, otros dicen que sí puede llevar muchos pero que se debe servir poco a poco y beber rápido para que la dilución mencionada no suceda antes de tiempo. Y es que, al agregar hielo a un destilado como este, justo lo que estamos haciendo es diluyéndolo un poco para poder apreciar bien sus sabores.

Si el único objetivo fuera bajarle la temperatura, podríamos meter la botella un par de horas antes al refrigerador o al congelador, o usar una de esas piedras especiales que se congelan y no diluyen las bebidas, pero que son carísimas y con el tiempo absorben todos los olores de tu congelador.

Por todo lo anterior, la calidad del hielo es esencial en un trago servido en las rocas, pues el agua de ese hielo te la vas a tomar junto con el whisky. Así que si te vas a tomar la molestia de hacer tus propios hielos, asegúrate de tener agua de la mejor calidad. No es necesario salir a comprar botellas de agua de los Alpes franceses, aunque si lo quieres hacer, también es válido. Nos referimos a que sea agua filtrada, con el sabor más neutro posible y de preferencia que no venga del sistema de agua de la Ciudad de México, en donde se le agrega cloro y otros compuestos químicos indeseables en tu vaso de whisky.

Cuando se diluye, el hielo libera pequeñas dosis de agua al vaso, lo que permite “abrir” los aromas y sabores. La clave es el tiempo que tarda el hielo antes de derretirse por completo. Por eso, entre más grande el bloque, mejor. Es así como se llegó a la conclusión de que un solo hielo, con énfasis en lo más grande posible, quizá sea lo mejor.

Y sí, seguramente has visto uno de esos tragos servidos con un hielo sólido, esférico, que ocupa casi todo el vaso.

Aunque ahora ya vendan moldes especiales para hacer hielos, incluso en forma de esfera, puedes intentar congelar agua en contenedores de plástico para guardar comida (los tuppers de mamá). Prueba con diferentes tamaños y formas del recipiente, aunque uno cuadrado debe funcionar muy bien. Una vez fuera, habrá que tomar un cincel nuevo, o un cuchillo que de plano esté muy pesado y al que no te importe echarle a perder el filo —puedes usar el reverso de un buen cuchillo de chef— y empezar a darle forma. Aquí no hay más que la práctica, pero puedes ver un par de videos para darte una idea del arte que implica esculpir hielos para cocteles en ciertos bares.

No olvides que el tiempo que pasan los hielos en el congelador no debe ser demasiado. La diferencia entre unos hielos recién hechos y otros que llevan dos semanas en el congelador es —parece increíble— abismal. Pruébalo y observa.

Por último, jamás confíes en un bar “especializado en mixología” que te sirva un trago con hielitos sospechosos, de esos delgaditos, medio blancuzcos, que parecen frappé y se derriten en medio minuto.